12 sept 2011

Un pedacito de cielo

 


 Un Pedacito de Cielo

Apenas pasaba los veinte años, a finales de los ochenta usaba la melena larga a media espalda y su vida aún no tenía rumbo fijo.

Le resultaba muy difícil encontrar trabajo por su aspecto y cuando conseguía ser contratado duraba muy poco, si no era por un conato de bronca con el supervisor en turno, era porque simplemente ese día se levanto y decidió no llegar a trabajar.Así de fácil llegaba y se iba.

Ah pero si amaba caminar, sentarse en una banca, ir a la biblioteca central ó robarse un libro de la librería Castillo.

En verano antes de llagar a casa pasaba por la tiendita a tomarse una Coca Cola, lo hacía porque ahí estaba fresco, aunque la señora que atendía siempre andaba enojada. Le gustaba verla, siempre andaba en chinga muy activa. Tenía una piel blanca y unos ojos color miel muy bonitos, con la cara lavada y el pelo recogido, tenía 38 años , un hijo adolescente y un esposo cristiano y con cara de pocos amigos.

Algunas veces lo sorprendió observándola mientras ella leía la Biblia. 
 
¿Vas a llevar algo mas? si no para que termines el refresco por que necesito acomodar los envases. 
 

Acercandose al Paraíso

 
Nervioso le entregaba el casco del refresco y salía disparado. En una de esas ocasiones ella le preguntó: 
 
¿Has leído la Biblia? 
¿Perdón? 
¿Que si has leído la Biblia, la gente como tu cree en Dios?
¿La gente como yo?
¿Si, no eres Satánico? 
Ja Ja soltó la carcajada; ella lo miraba seria y molesta,
 
¿Cual es la gracia?
 
Perdón si...digo si he leído un poco la Biblia y no, no soy Satánico.
 
Ella lo miraba con incredulidad.
 
Bueno no me macheteo lo que leo, pero me gusta Isaías 29.
 
Y fue a partir de Isaías que ella se puso la meta de acercarlo mas a Dios. Así que cada que el llegaba a tomarse el refresco ella dejaba lo que estaba haciendo para hablarle de la palabra.
Con el tiempo el refresco le salió gratis, pero como no le gustaba que se lo regalaran, le ayudaba a acomodar los envases en la bodeguita que tenía atras del local.
 
Ella le hablaba de la Biblia y el le prestaba libros de literatura, hablaban de Dios, después el le presto algunos casetes de blues y para cuando se dio cuenta, en una tarde de Agosto, justo después de acomodar los envases de Coca Cola, y en el instante en el que ella le destapaba un agua mineral Topo Chico, la besó.
 
Primero se resistió, apretó los labios, para luego desbordarse; entre botellas de Coca y Joyas pudo por fin conocer mas allá de su rostro y bellos ojos. Supo cuan largo era su cabello negro que siempre traía recogido. Admiró el contraste que éste tenía con el blanco de su piel. 
Tal vez este mocoso de veinte a fin de cuentas si era Satánico. Fue la primera y única vez que le dejo tocarla.
 
Otras veces llegó por su Coca Cola, pero termino dándose cuenta que le hacía daño a la mujer bella que le habló de Dios y que le dejo conocer tantito el cielo. Ya no fue más, algunas veces se encontraron en el camión y platicaron durante todo el trayecto, y pudo sentir como ella le apretaba la mano y le miraba con esos ojos color miel que le volvían loco.
 
Hace poco en un centro comercial se volvieron a encontrar, llevaba el pelo recogido como siempre, solo que ahora era grisaceo. Se vieron y ella sonrió, algunas arrugas se marcaron en su rostro, se abrazaron. 
 
Hacía veinte años  ya y apesar de la edad seguía teniendo esa belleza que venía desde adentro. 
¿Como te ha ido? ¿Mira que barrigota te cargas?¡Maldito rockandroll! ¡mira como te ha dejado!
 
El no podía hablar, ella le acarició el pelo a falta de palabras, lo volvió a ver con esos ojos que le habían dejado tocar el cielo. Unas vocesitas les interrumpieron.
 
¿Quien es güelita?
Es un amigo de tu abuelito hijito.
 
Seguía inmóvil con un nudo en la garganta.
 
Bueno me tengo que ir mi hijo anda por aquí y no tarda en buscarnos, me dio mucho gusto volver a verte. 
 
Le beso en la mejilla y se fue. El caminó como zombie, reaccionó cuando dejó de vomitar en el baño. Después lloró sentado en la taza del baño hasta que ya no le salieron lágrimas. Cuando salió del baño la busco entre la gente, no la encontró y poco a poco se fue sintiendo más y más solo en medio de toda ese mundo de personas.

11 sept 2011

40 Grados (De la serie Sierra Ventana Blues)


 

Los cuarenta grados se sentían de la chingada en el techo de lamina. Los cincuenta metros cuadrados que conformaban el cuartote eran cocina, comedor, sala y recamaras, no había divisiones solo era un cuartote. 

Mamá cocinaba en una estufa de petroleo de dos quemadores, así que cuando estaba haciendo de comer aquello era un horno. Se limpiaba el sudor con el antebrazo mientras discutía con mi jefe; que el recibo de la luz, que el del agua, que la colegiatura de mi hermana. Subirle a la tele a veces era la solución, sin embargo en otras ocasiones lo único que lograba era que me la hicieran de pedo; el calor, los gritos, y la puta adolescencia que dolía mas en estas circunstancias. ¿A donde chingaos te mueves? 

La calle era la única opción, pero el sol estaba de la chingada a la una de la tarde. Aquí en este pinche cerrote hasta la madre de casitas, no hay parques ni la puta madre, nomás era pararse en la esquina y pegarse a la pared lo mas que podías pa que no te diera el sol, al menos en la cara la librabas, pero del pecho pa abajo te daba de lleno, era nomas de aguantar hasta que fuera bajando la sombra. 

Ahí tabas lleno de coraje, frustración y con un pinche calorón de la verga; luego llegaban mis compas, mis carnales. No decíamos nada, nunca nos contábamos nuestros pedos nomas nos saludábamos y aveces ni eso nomás nos hacíamos una seña moviendo la cabeza y así en filita se paraban uno y luego el otro, como en posición de firmes, no había necesidad de decir nada, pa estar ahí en el pinche solazo, también sus pedos debían de tener.

Ahora que me pongo a pensar en eso, me doy cuenta que todos mis amigos(incluyendome) tenemos la frente con el seño fruncido. Así como enojados, ha de ser por esas pinches asoliadas que nos dabamos. Podíamos estar ahí sin decirnos nada, nomás mirando pa dentro de uno, con la pata recargada en la pared, luego la bajábamos y subiamos la otra, luego no faltaba el pinche vecino que su casa, un pinche cuchitril pero eso si un pinche estereo de poca madre tocando unas rolas colombias bien rebajadotas, puta madre, tal vez viene de ahí que cuando toy jalando o tengo calor me resulta insoportable escuchar esas rolas como que me da mas calor y me pongo de malas, pero pos gracias a Dios y al buen de la Maizena que se metió a un cantón en Las Brisas y saco una grabadora. Era la que nos alivianaba en esos ratos de esquiniada. Así ya podiamos escuchar a Floyd, Zeppelin, a Sabath. La música me transportaba a lugares mas agradables, y con el tiempo gracias a ella pude disfrutar de muchos privilegios, pa un mugroso como yo...(continuara...algún día ja)