7 jul 2007

Isaac

Isaac

Mátenme por que me muero

Mátenme por que no puedo...

Esta enfermedad es incurable

Esta enfermedad ni con un valium…

Caifanes

Al parecer la ausencia de color en el día tan solo era perceptible a sus ojos. Trataba de hablar lo menos posible ya que cuando lo intentaba le escurrían esas estúpidas lágrimas; la sensación de tener algo atorado en la garganta era insoportable, siempre con los ojos inundados apunto de estallar.

Empezó a llover, sin viento, sin relámpagos; las gotas resbalaban lentamente sobre los cristales del camión. Decidió bajarse unas cuadras antes de llegar a su destino, deseaba caminar y que el agua empapara su cuerpo, quizás con la esperanza de que la lluvia lavara todas sus frustraciones. Procurando no hacer ningún gesto dejó que sus lágrimas salieran y se confundieran con la lluvia que caía sobre su rostro.

Isaac caminaba sin evitar los charcos, la gente corría sin prestarle atención, sus viejas botas se agrietaban a cada pisada. Cuanto las odiaba, las había empezado a odiar cuando estuvo trabajando en la fábrica de focos para pagar los gastos de su carrera. Una gran parte de sus compañeros solo habían terminado la secundaria, el había decidido estudiar una carrera profesional, así que a la edad de catorce años ya trabajaba y se costeaba sus estudios. Aun y cuando en su casa jamás se sintió apoyado si lo bastante agradecido con el hecho de que no se lo prohibieron. Sonrió al recordar la cara de su padre al darle la noticia de que quería seguir estudiando.

Si quieres seguir estudiando pos estudia, pero ya estas bastante grandecito y un dinerito extra pa la casa nos serviría de mucho y... pues la verdad mijo no estamos en condiciones pa seguir pagando mas escuela.

Pero si me van a dar una beca en la Uni jefe. Le decía Isaac

¿Y los libros que; Te los van a regalar?

Voy a entrar a jalar para ayudarle con algo de lana y por la noche iré a la prepa, no se apure por eso jefe.

Mmm pos entonces tu sabrás como hacerle mijo.

Desde que tenía memoria Isaac recordaba que en la televisión, el periódico, la radio, siempre decían que el índice delictivo en su barrio era el mas alto, que una gran mayoría de los jóvenes que ahí vivían solo terminaban la educación media, que morían de manera violenta antes de cumplir los treinta y que los que lograban sobrevivir jamás se integraban a la sociedad por sus adicciones a la drogas.

Siempre procuro romper con esas estadísticas y algo que lo ayudó mucho fue que nunca se le olvido lo que dijo un maestro el primer día de clases al entrar a la secundaria.

¿Cuál es tu nombre? Isaac profe

¿Y de que escuela vienes Isaac? De la Ricardo Flores Magón

¿y cual fue tu promedio? Siete profe

El profesor movió la cabeza negativamente. ¡Tu no vas a terminar la secundaria, se acercó y le susurró al oído. ¡Me corto un guevo si llegas a tercero!

Sin quitar la sonrisa de burla continúo con una compañera que se notaba nerviosa

¿ Y tu? Yo que profe, contestó tímidamente la alumna.

¡Con que promedio terminaste la escuela atolondrada!

Con la esperanza de que le dijera que ella si acabaría la secundaria le contesto.

Con ocho profe.

El profesor volvió a mover la cabeza negativamente.

¡No pues si, con ese promedio tu si vas a salir de la secundaria...(la compañera sonreía complacida)

¡Pero embarazada!

Sus compañeros comenzaron a reír al igual que el maestro, a ella solo se le pusieron los ojos vidriosos pero se aguanto el llanto.

Isaac cada que tenía exámenes recordaba todo eso y se daba ánimos. No era un excelente estudiante, pero sus calificaciones mejoraron en comparación con el promedio con el que terminó la primaria, aunque tenía que esforzarse el doble que los demás para obtener buenas calificaciones. Así termino la preparatoria y para cuando se dio cuenta ya había terminado la carrera de administración. Hacía dos años de eso y estaba sin empleo, en su casa les habían cortado la luz por falta de pago; había acudido a la embajada con la idea de sacar una beca para una especialización en le extranjero, pero tan solo le daban el treinta por ciento de esta y además le pedían el noventa por ciento de ingles.

Se había cansado de luchar, ya no le importaba demostrar que las estadísticas sobre su barrio estaban equivocadas, pues lo quisiera o no ya formaba parte de ellas.

Había dejado de llover justo a unas cuadras antes de llegar a la tocada, esta vez sería en un viejo gimnasio de duela podrida donde alguna vez llegó a practicarse basketball, ahora lo rentaban para este tipo de eventos.

La acústica era pésima, en ocasiones no llegaba a apreciarse nada de lo que se estaba tocando, pero eso era lo que menos le importaba a Isaac. No traía dinero pero se las ingeniaría para entrar. Afuera podía verse a la gente congregada esperando el gran ritual; todos con sus mejores disfraces. Caminó entre los que ya hacían fila para entrar, la camisa de Isaac era blanca con estampado de flores rojas, contrastaba con la imagen postmo de todos los ahí reunidos.

La gran mayoría con tatuajes de símbolos oscuros, mientras que Isaac solo llevaba tatuado en el antebrazo un albatros en vuelo con la leyenda en ingles free bird.

Se acercó al de la puerta y sacó un casette de un viejo grupo de punk ingles, se lo ofreció a cambio de que lo dejara entrar, el tipo se hizo del rogar un rato, hasta que por fin lo tomo y lo dejó pasar. Había dado inicio el grupo abridor, muchos observaban, otros simplemente se paseaban por el local; Isaac era uno de ellos. No puso atención al que ladraba por el micrófono, se limitó a observar los rostros de los ahí presentes. El piso se empezaba a ser tapizado de vasos desechables, tomó uno del suelo y se paró al lado de la ventanilla por donde vendían la cerveza, ahí estuvo parado hasta que vio a la persona indicada; era una chica muy delgada con pelo de morticia y una imagen de darky de catalogo que no podía con ella.

Me das un traguito? Dijo Isaac mientras ponía su vaso, ella no contesto solo le vació su vaso un poco mas de la mitad, se la hubiera vaciado toda de no ser por que este le dijo que era suficiente.

¡Anarquía y cerveza fría! Mientras decía esto levantando su vaso Isaac dio un gran trago y la chica solo lo observaba y sonreía tal vez sintiéndose una gran “activista”.

Isaac trataba de disfrutar la cerveza al máximo ya que sabía hiba a ser difícil conseguir otra. Después de terminarla se dirigió al baño, estaba orinando cuando vio a unos tipos que espulgaban algo de hierba que traían en un periódico; se abrochaba el pantalón cuando uno de ellos le dio unos golpecitos en la espalada y le ofreció una pastilla, Isaac saco la lengua para que se la pusiera en ella, se lavó las manos y bebió agua para después reunirse con ellos que ya habían forjado y encendido un cigarro de muy buen tamaño. Así sin conocerse, sin hablarse, compartieron la droga; igual que llegó salió del baño sin despedirse. Se sentía flotar en una gran nube, solo que las ganas de llorar, de gritar le eran imposible de controlar y el caótico ritmo le sugería todo eso junto.

Se abrió paso y entro directo al moshpit que daba inicio.

“Salario mínimo al presidente pa` que vea lo que se siente”

“Salario mínimo a don Fidel a ver que chingaos compra con el”

Vomitaba el vocalista de las “Cabezas Podridas” y coreaban todos atropellándose unos a otros.

Para Isaac el Slam representaba a la vida misma, dabas y recibías golpes, aunque aquí era mucho mas facil solo era cuestión de ponerse listo y daba más golpes de los que recibía.

No supo si fue por la combinación de droga, cerveza y su estado de animo lo que le hacía sentir esas enormes ganas de acabar con todo y con todos, danzaba al ritmo de la música, se habría paso entre el gran slam con codos y rodillas, algunos caían frente a el, mientras que otros los ayudaban a incorporarse Isaac trataba de pisotearlos.

Llegó a la tarima y subió a ella, escaló los bafles, la música no paraba, sin pensarlo dos veces voló por el local extendiendo sus brazos, fue y estrello su cráneo con dos tipos que danzaban abrazados, los tres rodaron por el suelo, Isaac se paró como impulsado por un resorte para continuar su carrera; ahora gritaba y lloraba vomitando toda su frustración, un hilillo de sangre resbalaba por su rostro, poco a poco se fue haciendo mas grande hasta que su cara se cubrió de rojo. La cabeza le daba vueltas, se desplomó segundos antes que terminara la canción. Ya en el suelo lloraba a grito abierto, comenzó a vomitar y su cuerpo a convulsionar; lo arrastraron a un rincón, la tocada continuaba, Isaac ya no se daría cuenta de nada.

Despertó cuando sacaban el equipo de sonido del lugar, apestaba a rayos, la camisa empapada en vomito y sudor, al igual que el pelo, se quitó la camisa y fue a enjuagarla al baño, se lavó la cara y salió a la calle. Le dolía mucho la cabeza por la herida y por que el efecto de lo que se había atascado se se le había pasado, se sentía peor de cómo había llegado. Ya en la calle busco un teléfono público y marco un número.

Hola, necesito verte.

Por favor habla después, es muy tarde y me duele la cabeza.

Pensé que habías dicho que podíamos ser amigos.

¡Si lo dije! Habla después ¿ok?

El click al cortarse la comunicación le sonó peor que el crash de su cabeza estrellándose contra la de los otros tipos, incluso le dolió mas.

Camino un rato un rato, no sabía que hora era, pero el tráfico en las calles era escaso; vio venir el camión, se busco en los bolsillos de su pantalón y solo encontró un peso; le hizo la señal para que se detuviera y subió, le dio el dinero al chofer.

Te falta, con esto no completas.

Es todo lo que traigo.

El chofer hizo una mueca de disgusto y acelero la marcha. Isaac caminó por el pasillo, vió a dos chicas que cuchicheaban y reían, no supo si de el pero su reacción no se hizo esperar,

Les pateó el asiento por la parte de atrás. “¡Pinche par de fresas proletarias a burlarse de su puta madre!”

Ellas corrieron asustadas a refugiarse en los lugares de adelante, cerca del chofer, Isaac se quedó parado en medio del pasillo tomado del pasamanos, los escasos pasajeros hicierón como que no vieron nada, solo el chofer le sostuvo la mirada por el espejo retrovisor, ambos con cara de partámonos la madre hasta que el chofer decidió ignorarlo encendiendo la radio y subiendo el volumen a un viejo corrido norteño.

Llego a su barrio, las paredes llenas de graffiti le daban la bienvenida. No entendía como la gente hablaba de la inseguridad de estas calles, cuando a el lo hacían sentir todo lo contrario. En la esquina estaban los mismos de siempre.

Buenas noches licenciao. Le dijo uno de ellos en tono burlón. Isaac se detuvo a saludarlos, había uno que estaba tirado en el suelo inhalando de un bote de cemento, Isaac se agachó y tratando de quitarle el bote le dijo

A ver compi rola tantito.

El tipo se hizo nudo en el suelo, tiró manotazos negándose a compartir, los demás rieron de la actitud de este. Isaac le arrebató el bote, le dio unos pomazos para después emprenderla a patadas contra el pobre guiñapo hasta que los demás intervinieron.

¡Déjalo guey no seas culero!

Isaac ya no les contestó, se alejó inhalando el pegamento.

No había avanzado ni dos cuadras cuando los tipos con los que había estado pasaron corriendo junto a el, al voltear para ver el motivo por el cual corrían, vio a los del operativo acercarse a caballo, soltó el bote y hecho a correr, brincando bardas y techos llegó a su casa, entró por el patio, aun podía escuchar el galope y los gritos de las señoras rogando por que no se llevaran a sus hijos. Cerró la puerta y se recargó en la pared, resbaló hasta quedar sentado en el suelo, estuvo disfrutando de la oscuridad hasta que se acostumbró a ella y pudo distinguir algunas cosas en la habitación, un machete resaltaba de todo lo demás, o al menos a el le llamaba mucho la atención, siempre lo mantenía limpio, le daba filo de vez en cuando; lo había heredado de su padre y este de su abuelo, no dejaba que nadie lo usara, lo tenía colgado de un clavo sobre la pared, la luz de la luna entraba por la ventana, el machete daba hermosos destellos brillantes, Isaac lo tomó y comienzo a acariciarlo, pasó su dedo índice por el filo, se cortó y lamió la sangre de su dedo. Su mente se fue hacia el pasado, se vio en el rancho de su padre con toda la familia, su madre preparaba la carne para asar, sus hermanos corrían de un lado a otro persiguiéndose felices, su papá cortaba leña con el machete, el sentado observándolo de cerca, muy pero muy de cerca, su padre estaba molesto, le decía que se quitara de ahí por que le podía dar con el machete, Isaac no hacía caso, su padre le insistía una y otra vez sin dejar de cortar leña, en una de esas tantas veces

Por estar quitando a Isaac, se dio con el machete justo en el dedo gordo del pie y como su padre tenía la costumbre de andar en huaraches la sangre fue a dar al rostro de Isaac, su papá abrió mucho los ojos y se desplomo, la camiseta de Isaac se llenó de rojo, quien sin miedo alguno tomó el dedo del suelo y se lo llevó a su madre que hizo un gran escándalo, el ya no supo que hacer, la mañana se arruinó y todos corrieron al hospital.

Los vecinos tumbaron la puerta al escuchar gritos, encontraron a Isaac con el machete en la mano izquierda, la derecha estaba en el suelo destrozada, solo se apreciaba un bulto uniforme, Isaac tenía la mirada clavada sobre la pared como queriéndole dar forma o encontrale significado a las figuras abstractas que se formaron con su sangre, parecía la obra de algún loco artista de la plástica postmoderna.

Pancho Salinas

18 mar 2007

¿Que necesitas que pase en tu vida para saber donde te duele?

Escuchaba la novena sinfonía de Bethoven sin saber de quien se trataba, había encendido la radio por inercia cuando una patrulla de la policía de caminos le pidió que se detuviera. Se miró en el espejo retrovisor, tenía los ojos inyectados a consecuencia de manejar toda la noche y el labio inflamado a punto de reventar le impedía cerrar la boca.

Le preocupaba el no sentirse preocupada, se escuchaba estúpido pero así era; en verdad lo había disfrutado, aunque tal vez no hubiese sido necesario hacérselo a los dos, pero si ya había empezado con uno ¿Al otro por que no?

¡Mierda y mas mierda! 

¿Donde había quedado esa intuición de la que tanto presumían todas las mujeres?

Si bien lo había dicho el jotito de los horóscopos. 

“Virgo, conflictos con tu pareja y en tu trabajo, procura no salir a la calle, si lo haces, ¡Cuidado con los buitres!”

Todo estaba tan claro, debió sospecharlo esa mañana al levantarse y no encontrar la báscula ula de cabecera donde la había dejado, o al desprendérsele el tacón al salir de casa y tener que regresar a cambiarse.

Llegar al trabajo y encontrarse con la sorpresa de que el contrato había sido cancelado a media quincena. Solo a ella pudo haberle pasado.

¡Pero vamos no todo podía ser tan malo, una edecán como ella que había cursado infinidad de talleres motivacionales, marketing, mindfullnes, etc, etc, etc... No debería ser tan negativa, ver el lado positivo de las cosas, vive el ahora, se dijo. 

La habían liquidado muy bien y tendría toda la tarde libre ¿Qué mejor que unos buenos apapachos de su amorcito?

¡Pinche pocos guevos! ¿Como podía hacerle esto a ella? Dar por terminada la relación por teléfono, y precisamente en ese día ¿Por qué, que había hecho mal? 

Tal vez se dio cuenta de sus doscientos gramos más de peso.

-“No bebe, solo que todo se ha vuelto tan rutinario, ya no me divierto igual... Sorry”-

Divertirse, al parecer era lo único que le interesaba, ¡Puerco egoísta! 

Viéndolo bien siempre fue un egoísta, siempre el, primero el, todo para el. Como le hubiera gustado gritarle que mientras el se derretía entre sus piernas a ella no lograba hacer sentir nada, el se limitaba a satisfacerse, era como verlo masturbarse encima de ella ¿Acaso creía que eso era divertido? La diferencia era que ella si lo amaba. Solo a una tonta se le ocurría seguir en la calle, pero con todos estos sucesos lo que menos deseaba era regresar a casa y ponerse a llorar, para después amanecer con grandes ojeras al otro día, por eso no lo pensó dos veces cuando el cara de sapo y su compañero la invitaron a subir a la camioneta, unas cuantas cervezas gratis le caerían muy bien.

Después de haber vagado con el estéreo a todo lo que da, el cara de sapo se estaciono a la orilla de aquel lago.

Voy a echarme una medalla, dijo su compañero y se perdió entre los matorrales.

Al fin solos, dice cara de sapo mientras le recorre el muslo con su mano regordeta.

¿Que te pasa? Respinga Atena con indignación, ¿Acaso crees que por unas cervezas ya tienes derecho a manosearme?

¡Pos gratis no fueron mamacita!

Pues si es por eso te las pago y aquí que muera! 

Atena intenta tomar su bolso, cara de sapo la abraza, la aprieta, recorre su cuello, ella comienza a ceder.

¿Ya ves que te cuesta? La toca con lujuria por encima de la ropa, hasta que torpemente intenta desabrocharle la blusa.

Atena cierra los ojos y se traga el coraje, con que gusto le arrancaría los guevos. Poco a poco ella desliza la mano hasta su bolso, mientras cara de sapo, lame, muerde, babea extasiado. Atena saca un botecito de spray para el pelo, segundos después cara de sapo grita, se revuelca, restregándose los ojos, Atena lo patea, derribándolo de la camioneta. Aún no terminaba de contemplar la escena cuando siente un jalón en su rubia cabellera, un puño en su rostro, y el otro cerdo está encima de ella. 

Por mas que intenta defenderse, no puede, se siente aturdida. Araña débilmente cierra las piernas, el la muerde, la golpea en el rostro, pareciera que entre mas resistencia pone, el más as se excita. 

Atena yace encima del asiento de la camioneta, las puertas abiertas, y el tipo mas flaco y horrible del mundo se mueve encima de ella, el cara de sapo aún n se restrega los ojos en el suelo, Atena observa el cielo ya sin luchar, decide aislarse en ese mar de estrellas. El flaco se deshace de placer.

No que muy perra pinche golfa, lo que te hacía falta eran unos buenos madrazos

¿Qué te parece el pinche flaquito verga gorda?

La guantera yace abierta, Atena descubre con la mirada una pistola y dá gracias a Dios al hecho de que no la utilizaran en su contra. 

¡Pero que chingados! se dice así misma. 

¡Bang! 

El flaco salta de la camioneta y termina en el suelo, Bang, otro y otro de mas cerca.

El flaco ya no se mueve.

Cara de sapo aun restregándose los ojos pregunta que es lo que pasa, los ojos le lloran y la vista le resulta borrosa, siente la pistola entre sus piernas, después un estallido y algo caliente que escurre entre las piernas, aulla como un perro, de los otros disparos en su cuerpo ya no se daría cuenta.

Clic, Clic, Clic; el frágil dedo De Atena Aun sigue pegado al gatillo. Había vaciado la carga completa.

¿Podría Bajar el volumen a su radio y mostrarme una identificación por favor? Iba a exceso de velocidad señorita. Dice sonriente Mr. Ray Ban recargado en la ventanilla de la pick up

¿Si? No me di cuenta oficial, Atena hace como que busca en la guantera. 

Mr. Ray Ban no disimula su lujuria observando la belleza de las piernas que intencionalmente deja al descubierto.

Atena toma la pistola, pero es difícil sorprender a Mr. Ray Ban.

Para cuando ella voltea con la pistola, Mr. Ray Ban ya había desenfundado la suya y se le a borrado la sonrisa

¿Pero quien podría sonreír con una pistola apuntando directo a tan costosos lentes? Sobre todo si se traen puestos.

Tranquila chula, cualquiera que sea tu problema podríamos arreglarlo.

No soy chula pendejo, soy Atena.

Mira Atena, dejame ayudarte...

Shhh callate perro de mierda, ¿Ya se te quito lo caliente?

Mr. Ray Ban esta perdiendo la paciencia.

Suelta la pistola, no me obligues a...

Atena sonrie llorando, sin dejar de apuntar al policía con firmeza.

Mr. Ray Ban sentencia:

Escucheme bien Atena, es la ultima vez que se lo voy a pedir, voy a contar hasta tres y va a soltar su arma...

Atena lo interrumpe con coraje reflejado en sus palabras y empieza a contar antes que el oficial de policía.

Uno,dos,tres ...


6 ene 2007

Strike One


Strike One

¿Por que lo habrá hecho? Aún se preguntaba la maestra mientras trataba de concentrarse para dar la clase a sus alumnos de sexto grado.

Si Ricky siempre había sido un alumno tranquilo, quizá un poco extraño en comparación con los demás alumnos de la clase, de quienes sabía algunos ya compraban marihuana al señor del triciclo que se ponía afuera de la escuela; pero Ricky, el que se sonrojaba cuando lo sorprendía observándola detenidamente, el que tartamudeaba y le temblaban las manos al dirigirse a ella, del que pensó sería el único de la clase que podría llegar a salir del medio social en el cual vivía.

A veces se cuestionaba si valía la pena educar a estos pequeños, “futuros delincuentes” como les decía su esposo.

La imagen que se había hecho de Ricky se vino abajo el fin de semana pasado, cuando asomó a la ventana al escuchar gritos afuera de sus casa; observó a su esposo que acababa de llegar medio ebrio como tantas otras veces, tenía de los cabellos a un niño que pateaba y gritaba tratando de huir, salió a la calle y grande fue su sorpresa al ver de quien se trataba, Ricky guardo silencio en cuanto la vio salir.

-Mira a la rata que encontré tratando de abrir tu carro para sacar el estereo!-

-Yo lo conozco, es mi alumno-

Ricky bajó la bajó la cabeza al ver la cara de desilusión de la maestra, la cual se transformó en ira al dirigirse a el.

-¿Por qué? ¡Vamos habla! ¿o llamo a la policía?

-¡Háblale que esperas!, hazlo por su bien, si lo dejas así al rato va andar asaltando bancos- decía su esposo.

La Maestra entró a su casa, y a los cuarenta minutos de haber sentido los picahielos color miel de la profesora clavarse sobre el, ya iba en una patrulla esposado de una de las varillas del techo, con la mano que llevaba libre ya como pudo, sacó un sobre que guardaba en uno de sus bolsillos, el cual fue tragando trozo a trozo en el trayecto al Consejo Tutelar para Menores. Cuando llegó y lo pasaron a revisión le pidieron que se desnudara, al quitarse la playera, cayó una rosa roja maltratada que traía escondida.

Pancho Salinas 1995