23 oct 2014

Brujas reales en Monterrey, cuando las cosas van mal aún pueden ir peor.

Noche de luna llena en invierno
 
Tenía frío, el viento helado azotaba mi rostro y alborotaba mi larga cabellera. Solo llevaba puesto una vieja playera negra de un grupo de rock de los setentas y una chamarra de mezclilla que era helada como la mera chingada. Me encorvaba y metía las manos a mis bolsillos. Eran tiempos difíciles, de autoconocimiento y vagancia creativa.
No tenía ganas de regresar a casa, mas bien quería destruir el mundo, que se cayera a pedazos justo como yo me sentía.
Ella no quería saber mas de inmaduros pendejos, de sueños guajiros, de greñudos apestosos sin futuro. Yo me sentía morir.
 
El centro de Monterrey estaba casi desierto, poca gente transitaba a esa hora. Caminé por la Av. Juárez hasta la calle Morelos. Uno que otro policía caminaba por esta área peatonal. Se me hizo extraño que no me detuvieran, si lo hubieran hecho se habrían dado cuenta que lloraba.
 
Llegue a la Macroplaza y me detuve en el quiosco, cerquita de la Presidencia Municipal. Ahí corría el aire mas fuerte.
¡Pinche frío! pensé.
Me senté, temblaba y lloraba. La luna estaba en todo su esplendor, si no me sintiera como me sentía me hubiera parecido hermosa.


Como a los cinco minutos llego un vagabundo que rondaba muy seguido esa area, tenía una argolla en la nariz, y una conversación interesante. Intercambiamos algunas palabras sobre la belleza de la luna llena, trate de disimular mis lágrimas, el se dio cuenta pero no hizo comentario alguno, respetando mi dolor. 
 
Habló de la luna llena, de los mitos que hay detrás de esta. Me preguntó la hora, eran las tres de la mañana. Es la hora del diablo. Se despidió y así como llego se retiro. No supe si me lo dijo en serio o fue broma. Pero en esos momentos no estaba yo para tonterías de esas. 
 
Me quede solo, el viento se había tranquilizado y desde el lugar donde me encontraba sentado en el quiosco podía ver a un policía que caminaba y fumaba en la parte baja del palacio Municipal de Monterrey.
 
Me sentía mejor, había dejado de llorar, ya disfrutaba la noche y el silencio de la ciudad.
Un murmullo y algunas risas de mujer llamaron mi atención; por el lado de la calle Zaragoza justo afuera de la Catedral, tres mujeres platicaban, reían en voz alta. Cruzaron la calle, pasarían frente a mi. Me enderece y acomode mi greñero alborotado, no quería asustarlas y que luego me trajeran a la policía.


Conforme se fueron acercando vi que venían directo a donde yo estaba. Se detuvieron y me saludaron.  No eran ningunas jovencitas, aunque viejas no estaban.
 
¿Hola, traes cigarros amigo?
No fumo. 
 
Te lo dije, se ve que es un buen chavo Mira, vamos con el Poli el si trae, esta fumando. Señalaron al policía a lo lejos que ya se había sentado en una silla a terminarse su cigarrillo.

Una de ellas la  mas grade de las tres, les dijo; vayan ustedes, yo me quedo aquí con el amigo, bueno si a el no le molesta mi compañía. Claro que no respondí de inmediato. No era una belleza pero tenía algo que me atraía. Tal vez su pelo negro a media espalda, que con la luz de la luna daba destellos azulados, me imaginaba al plumaje de los cuervos en el sol. 
 
Las vimos alejarse hacia el palacio municipal. La que se quedó, de un salto se sentó sobre el quiosco. Buscó entre su bolso y comenzó a forjar un cigarro de lo que creí sería mota. Al terminar de hacerlo lo lamió para luego encenderlo, dio una gran fumada y sonrió, nunca la vi soltar el humo. No me preguntó si quería, solo puso el churro en mi boca y me di un gran fogonazo tratando de no quedar mal ante la ruca. 
 
Aguante el humo lo mas que pude hasta que mis pulmones estallaron en una estruendosa tos, por mas que quería tomar aire no podía, me ahogaba, la mujer me miraba fijamente a los ojos sin parpadear, no tenía expresión en su rostro.
¡Pinche ruca culera que me habrá dado! Pensaba mientras luchaba por conseguir aire. Cuando estaba apunto de colapsar se tiro sobre mi y me dio respiración de boca a boca, fue la sensación mas chingona de mi vida, como volver a nacer. Me quedé quieto no podía moverme, me sentía pesado mi cuerpo no respondía. La vi encima de mi volver a fumar de ese extraño cigarro, pero ahora en lugar de tragarse el humo, me abrió la boca y lo exhalo en mi interior, de nuevo me ahogue y sentí morir, ella encima de mi, viéndome fijamente, atenta a mis reacciones, seguía igaul sin expresión alguna en su rostro. Hizo esto una infinidad de veces. Me reanimaba cuando creía que moría. Algunas veces convulsione, vomité y aún así seguía pegando su boca a la mía, reanimándome, volvía la calma y ella encima mío como una ave de rapiña. 
Le escurría mi vomito de su boca pero nunca perdía la seriedad de su tarea. Después de no se que tantas veces de hacer esto, volvió a hurgar en su bolso y comenzó una extraña letanía como un susurro , un cuchicheo en un leguaje desconocido para mi. Untaba una especie de grasa en mi cuello, detrás de mis orejas, en mis pezones, ombligo, pene, testículos, culo... Olía como a manteca de res echada a perder. 
 
Mientras metía un dedo en mi culo lamía mis huevos y jalaba mi pene. En el estado en el que me encontraba no pensé que podría tener una erección. Pero si, sentía mi pene del tamaño de un bat de beisbol y mis testículos como si quisieran reventar . Ella seguía con su extraña letanía e inmersa en su tarea. Me vine una, dos, tres, ya quería que se detuviera, pero no podía hablar, solo era un falo duro sin cuerpo, una llave eyaculadora sin control de mi. Exprimía mi falo y el semen lo guardaba en una especie de tubos de ensayo pero no eran de cristal, tenían un color marrón y parecían de plástico Lo peor de todo es que en ningún momento perdí el conocimiento. Estaba inmovilizado, como muerto pero vivo, por la droga que me dio. 
Por fin se quitó de encima mío, seguía murmurando cosas, sacó unas hierbas y las raspaba contra el suelo dibujando el contorno de mi cuerpo. 
 
Se escucho un silbido y volteo hacia el palacio municipal, hizo un ademan y la vi encender el cigarro de nuevo. Me echo el humo pero ya no en la boca, sino en mi rostro, lamió mi cara e introdujo si lengua reseca en mi boca. Se paró y de un salto bajo del quiosco. El humo tuvo otro efecto, ya que no me hizo toser, solo entre en un sopor como en una nube blanca.
 
Las vi reunirse en la distancia, en la pequeña explanada que hay del quiosco al palacio municipal.
Percibí el ruido de un motor y una suburban blanca de vidrios oscuros subió la banqueta y llegó hasta ellas, dos tipos de traje bajaron y les abrieron la puerta, pude ver que arrastraban y subían al policía que había visto fumando. 
 
Desperté y aún no amanecía, pero ya se veía mas trafico y algunos camiones ya empezaban a circular. Vi la hora, las cinco y treinta de la mañana. 
Quise creer que había sido victima de un mal sueño, pero cuando llegue a casa y al meterme a bañar, mi cuerpo estaba arañado, mi pene morado,las nalgas y el culo igual. Después de eso mi vida siguió igual, nada cambió ni para bien ni para mal, solo fue una noche extraña en el quiosco de la Macroplaza.  
(Me tomé la libertad de utilizar estas fotografías del buscador de google images sin fijarme en los derechos de las mismas, ó su autor. Si alguien se siente ofendido por su uso pueden hacérmelo saber y las borro ó me dicen quien las tomó y les doy el mérito correspondiente)

12 jun 2014

Cómo superar la nostalgia.






Día del Padre

Hubo un tiempo en el que gustaba mucho del alcohol, tirar balazos y tener varias mujeres e hijos regados a los cuales aún hoy no conozco. Le desagradaba que yo usara el pelo largo y el mismo metía las tijeras y maquinita cuando veía que me estaba creciendo. Fue tal vez por eso que a partir de que falleció lo use largo, como apache.

Papá falleció a unos días de mi graduación de la secundaría, aún así asistí. Fui solo, mi hermana llego un poco después. Conservo una foto de ese día y salí de espaldas.
 

De adolescente uno es bastante duro para juzgar, mi relación con papá  al momento de su muerte era áspera, pero me dolió muchísimo. Todo fue tan repentino.
 

Un día discutes con el y a las siguientes horas ya no está. Ahora que a pasado el tiempo y no le tengo conmigo, pienso que le entiendo mejor. De hecho algunas personas de mi familia dicen que me parezco demasiado a el.
 

Si aún viviera, vería con agrado que ya me corto el pelo solo, que tengo mi kit de corte y que inclusive les he cortado el pelo a algunas personas cercanas a mi. Así lo hacia el, ahora lo hago yo.

Desde hace mucho decidí quedarme solo con lo bueno de su recuerdo.
 
Gracias a mi jefito nació un poco el gusto por la lectura, los problemas podrían ser muchos, pero los Domingos eran de leer. Tirados en el suelo con el periódico repartido entre mis hermanos, los cómics, revistas desbalagadas.
 
En otras ocasiones caminábamos al parque de la colonia Las Brisas porque en mi barrio no hay parques, así que caminabamos hasta allá. Nos sentábamos en el césped, leíamos el periódico bajo la sombra de un árbol, hablábamos poco. Yo solo era un güerco ¿Que iba a saber de la vida?
 
Lo veía pensativo dar largas bocanadas mientras fumaba. Yo hacía como que miraba los carros
¿Cuanto no cargaría en el morral mi viejo?
 
"Apá onde quiera que esté lo quiero. Un abrazo viejón cabrón y ps unos plomazos pa arriba pa que me oiga, pum, pum, pum!"

¿Y ustedes aún tienen a su Apá? 

30 may 2014

¿Por qué la gente se acerca a ti? ¿Qué hay detras de la bondad qué predican? Amén

Amén

Manejaba por la calle 5 de Mayo en el centro de Monterrey, el tráfico era lento, estaba a unas cuadras del templo a San Judas Tadeo y eran fechas de celebración. Resignado ante la lentitud de los vehículos me concentre en la música de Pink Floyd en mi reproductor.                                            

De una camioneta la vi bajarse acompañada de su madre. Veintitrés años habían pasado y el tiempo le había favorecido. Devota empedernida, la vi entrar al templo del brazo de la anciana con un porte imponente como  siempre.

La conocí cuando me hablaron de un despacho de abogados después de un sinfín de solicitudes en agencias de empleo. Llegué a la entrevista y me atendió ella, secretaria de la directora del negocio.

En ese entonces era bastante inexperto y poco interesado en quedar bien con la gente, aún y cuando ésta fuera una mujer con un hermoso escote y crucifijo en entre las tetas, por eso cuando sentí la entrevista que rayaba demasiado en lo personal me resulto imposible disimular mi molestia. Se percató de ésto y dio por terminada la entrevista. 

-¿Te gustaría quedarte con el empleo?-

Me tomó de sorpresa

-¿Depende de ti que me quede con el empleo?-

Esto según yo para aterrizarla y recordarle que ella era solo la secretaria, no la responsable del despacho. Pero esto no la incomodo en lo mas mínimo, se encamino a un privado que estaba a unos metros de nosotros, entro y salió, se paro en la puerta de éste y me hizo una seña para que me acercara. El resto del personal volteo a verme cuando entre a la oficina principal.

Me recibió una señora, abogada de mirada  dura, tenía mis datos en su mano y haciendo como que les daba una leída volvió la mirada hacia  la chica que estaba parada en la puerta detrás mío. Luego me vio de nuevo. 

-Selene dice que eres la persona ideal para este puesto, si quieres quedarte, aquí se usa corbata, no importa que traigas saco o no, pero corbata siempre. Tenemos un prestigio y una imagen que cuidar ¿Me entiendes? No tatuajes, no aretes, no jeans. Si te interesa, Selene te hará el contrato y explicara tus funciones-

De momento solo asentí, me quede en la pendeja, ni chance me dieron de preguntar sueldos, horarios, etc. La pinche Selene me había dado una cachetada con guante blanco. Era la secretaria, pero tenía voz y voto y con el tiempo me daría cuenta que era querida y muy respetada entre el personal que ahí laboraba. Tenía una relación bastante parca con ellos, pero respetuosa, era el enlace entre la abogada dueña del despacho y el personal.  Yo, poco sociable en esa época con gente que no estuviera en mi frecuencia, comía solo y mi relación con los demás se limitaba a las horas de trabajo y nada más.

En un principio me incomodaba que tratara de hacerme conversación. Poco a poco se ganó mi confianza. Me regalaba dulces, me guardaba algún sándwich  a la hora de la comida, ó me llevaba un toper con algún platillo elaborado por ella para que lo probara, desafortunadamente  su interés por las cosas que pasaban en el barrio donde yo vivía terminaban molestándome, en alguna ocasión le dejé la nota roja  en su escritorio, me exasperaba no sacarla de sus casillas, doblo el periódico y lo guardo en su cajón. Sonreía como si fuera un chiste mío.  A las compañeras de trabajo  estas situaciones no les pasaban desapercibidas.
Un día estaba por degustar una deliciosa comida de cuaresma que me había llevado Selene, cuando entro una compañera y sin pedir permiso se sentó en la misma mesa.
-No vayas a hacerle daño-
 Me soltó de sopetón que se me atragantó el taco y la mire con cara de comochingadosteatrevesadirigirmelapalbaraperracabezahueca.
 
-Ash apoco no te has dado cuenta? Ella se desvive contigo, eres el único con el que platica, con nadie más convive igual que tú, son el uno para el otro-
 
Seguí comiendo en silencio solo echándole miradas de yacallateelpinchehocico, pero seguía hablando, y así fue como me entere. La había dejado su novio poco antes de la boda, ya con invitaciones entregadas. Desde entonces se volvió mas introvertida, mas religiosa. Pero era tan fuerte que ni eso la sacó de sus casillas, siguió yendo a trabajar, como si nada hubiera pasado. La tarabilla que me platicaba esto era vecina de ella  en la colonia Las Puentes. Remató diciéndome.
-Cuídala es una buena chava, seria, católica, nada reventada,  y muy trabajadora, de esas ya no encuentras, y además cocina, ¿Que mas quieres?                                      
 
Me dejó con una sensación culera en el estomago, ¿Apoco a esa vieja de verdad le interesaba yo? A partir de ese día la vi diferente, con admiración y trate de no ser tan ojete cuando me preguntaba de peleas, muertos, pandillas, etc, etc. Esta admiración se vino abajo un día, que yacíamos tirados en su recamara. 
 
Tenía días que me decía quería pedirme algo, pero que le daba pena. En fin, no se atrevía a decírme y yo no le insistía pensando que  quería hablar de boda o formalismos a los cuales yo no estaba dispuesto a ceder.
Ese día recostados en su cama, por primera vez, de su propia voz pude escuchar la versión de la amarga experiencia con su novio. No supe que decir, solo acaricie su cabello y ella en ningún momento derramo lágrima alguna. Vaya huevos de vieja pensé. Después de un silencio largo, viendo al techo me soltó algo que aún hoy me saca de onda cuando lo recuerdo.                                        
 
-¿Hasta donde me quieres?-
 
-¡Mas allá del cielo mi amor!-                                                                       
 
Que pendejo, que puñetas, que imbécil. Escribo esto y me sonrojo.                         
Siguió mirando al techo y como si no hubiese escuchado mi respuesta, me dijo.
 
-Quiero  darle un escarmiento- 
-¿Quieres que le pongan una caliente?-
- No, lo que quiero es que se muera. Que su familia sufra. Que su madre le llore toda la vida, así como mi madre llora a solas cuando reza y cree que no la escucho-
 
Me quedé helado. Me paré y mientras me vestía le dije que no, que se había equivocado. Ahí si la vi llorar. 
 
-Por favor ayúdame si no quieres hacerlo tu, dile a algún amigo tuyo, a tus vecinos a alguien, si hay problemas lo resolvemos con la gente del despacho. Tengo dinero guardado. ¡Por favor ayudame!-
 
Solo negué con la cabeza. Me puse la ropa y antes de salirme volvió a ser la inmutable de siempre.
 
-Espero esto que te conté quede entre nosotros, si te lo confíe es por que creo no eres cualquier persona para mi. ¿Me entiendes?-
 
Asentí y salí de ahí. Me creía muy chingón, el que controlaba todo y la verdad solo era un pendejo inocente.
Estaba acostumbrado a los chingazos directos, de frente, no sabía de planes perversos. No cabía duda, me faltaba mucho por aprender de las personas. Al despacho no volví. Veintitrés años después, afuera de la Iglesia de San Judas Tadeo la vuelvo a ver con su crucifijo de oro colgando entre su escote, con una veladora en la mano y su madre al brazo.

20 mar 2014

Aprender del error ajeno ¿Hay amores que son para siempre?


Besame Mucho

Don Lupe estaba sentado en la banca del parque que está atrás de una guardería, ahí por Hilario Martínez, cerca del Hospital Infantil. En su carretón de madera tenía nopalitos, flor de palma, coliflor y otras hierbas desconocidas para mí. Me detuve porque tenía ganas de nopalitos y cuando los compro en HEB siempre me salen… ¿Cómo decirlo? Medio ácidos. Pensé era mi imaginación, pero le hice este comentario a Don Lupe y me dijo que no los sabían cortar, ya que se requería madrugar para hacerlo si no “se enágrian”, también tiene su chiste cortar la flor de palma, si no sabe como amarga.

Y la verdad es que los nopales del mercadito o de los señores que venden en la calle sí me saben diferente. Con la explicación dada por el señor me convenció que no es cosa mía.

Compré dos bolsitas, a diez pesos cada una; ya me los imaginaba bien guisaditos con su respectivo pico de gallo, ajo y aceite de oliva, en tostadas con aguacate, me acuerdo y se me hace agua la boca.

“Radio Recuerdo, en el 860 de Amplitud Modulada”, se escuchaba en el radio que tenía encendido Don Lupe. Le pagué con uno de cincuenta y me dice que no tenía feria, me crucé la calle lo más hecho madres que me permitían mis noventa kilogramos de rock que cargo en mi hermoso cuerpo para ir a feriar en la tiendita de enfrente del parque, me compré unos chocorroles y me regresé otra vez hecho madres por mis nopalitos. Cuando llegué de nuevo al carretón, el señor estaba parado, recargado en él con la cabeza agachada y apretando fuertemente la madera. En la radio sonaba la canción que da título a este post “Bésame mucho”; al principio no presté atención a la música, lo primero que se me vino a la cabeza es que Don Lupe estaba enfermo. ¿Se siente mal Don? Le pregunté, al tiempo que le toqué el hombro, se estremeció al sentirse tocado, como si lo hubiese sacado de un trance, levantó la mirada y pude verle los ojos rojos, vidriosos, aguantándose el llanto. No me respondió, sólo me dijo “¿Consiguió feria?” Le di los veinte pesos de las dos bolsas de nopales mientras él se limpiaba el rostro con un pañuelo, después de un suspiro por fin dijo: “lo que se le viene a uno con una canción, siento como un remolino aquí adentro cada que la oigo”. Guardé silencio y me senté en la banca para escucharlo, Don Lupe se estaba desahogando.

“Ahorita estoy solo, tuve un hijo pero lo veo cada que se acuerda que tiene padre, pero hasta cierto punto lo entiendo, nunca quise a su madre, que en paz descanse, aunque nunca la traté mal, nunca despertó en mí eso que despertó mi Dolores, estuve a punto de casarme con ella, ya la había pedido, pero una semana antes me agarré la borrachera y me desaparecí, no llegué a la boda, se me fue el tiempo, desperté en casa de la mujer con la que me casé y tuve un hijo, siempre pensé que me había echado algo en la cerveza, le juro que perdí la noción del tiempo, ella era gallera, peleaba gallos ahí en el palenque, ahí la conocí y agarramos el pedo, bueno yo, ella andaba como si nada. La Dolores nunca me perdonó, se fue pal otro lado y ya no la vi, hasta hace como cinco años allá por la Villa de Guadalupe, se me hizo verla de lejos, me dijeron que nunca se casó, me quería un chingo, le desgracié la vida. Ella me cantaba esa canción, le gustaba mucho. Siempre que la escucho me dan un chingo de ganas de llorar y siento un remolino bien cabrón en la panza”.

Yo no sabía qué decirle, nomás de verlo y escuchar cómo hablaba con la voz entrecortada se me hacía un nudo en la garganta. Gracias a Dios él fue el que siguió hablando. “Bueno mi amigo, ya no lo perturbo con mis tonterías de viejo chillón, así es uno cuando se pone viejo, ya cualquier chingadera le mueve el piso”. El semblante le había cambiado, me lo imaginaba como cuando sale el sol en la ciudad después de una lluvia repentina en verano. Así le vi el rostro.

20 feb 2014

Café, Marlon Brandon y Gastritis

Hoy salí a trabajar mas temprano que de costumbre, tenía una cita temprano, en un municipio fuera del área metropolitana. Y soy de los que no pueden salir de casa sin haber tomado un café, así haga frío ó calor, cada mañana debo tomar mi café matutino, bueno en realidad ya lo que bebo es un sustituto de café, con sabor y olor a café, pero por las prisas en la mañana no me dio tiempo.
Me desocupe demasiado pronto de mi cita y la siguiente la tenía como dos horas después. Desde que empezó el desmadrito en nuestro estado evito comer, beber y hasta cargar gasolina en la carretera, esto debido a malas experiencias que han tenido compañeros de mi lugar de trabajo; así que solo a lo que voy y me regreso, me funciona y así me siento mas seguro. Antes era una chulada salir a trabajar fuera del área metropolitana, hoy casi nadie quiere estas rutas.
Mis ganas de café eran muchas. Me detuve en el primer Seven Eleven que vi. Me estaba preparando mi café, y un señor de algunos sesenta años, se acerco a prepararse uno también pero el vaso mas grande, volteo a verme y se rio de mi vasito. Que vasito tan chiquito amigo, apoco con eso tiene. La verdad no pero la pinche gastritis luego no me deja, le contesté mientras le daba un sorbo y abría mis barritas de avena. Aijuesupinchemadre que pinche sufridera con esa chingadera, yo la padecí chingos de años, cargaba cajas de ranitidina, melox, peptobismol y cuanta madre me encontraba, pero todo eso es también puro pinche estrés, no solo es lo que comes sino todo lo que uno carga acá adentro.
Ya habíamos caminado a la salida y el seguía hable y hable. Vio el carro de mi trabajo y señalo con un movimiento de cabeza. ¿ Ahí jalas? le contesté igual moviendo afirmativamente la cabeza. Yo estaba parado en la puerta del carrito de mi trabajo y el en la puerta de una Ford Lobo Tritón cuatro puertas. Pinche viejillo anda a pie me dije a mi mismo. ¿Y te va bien ahí mijo? Tan bien como a usted no pero no me quejo, le contesté. El ni caso hizo a mi chistecito por que le estaba dando una mordida a una dona y un trago a su café. Después como que recordó que estaba platicando conmigo. Te voy a dar una receta de rancho con lo que se me quitó la gastritis, tu sabes si la haces, pero funciona; todas las mañanas muele una papa cruda con agua y te la avientas en ayunas y mira, santo remedio, a chingar a su madre la gastritis.
Yo igual de mamón que el por no hacer caso a  mi chistecito, nomas me hice pendejo dándole un sorbo a mi cafecito. El siguió hablando. Y te estresas mucho en ese jale? Por que yo así estaba pero con la receta esa y también valiéndome madre un poco los problemas es como se me quitó al cien.
Le contesté con una pregunta. ¿Y a que se dedica que le causa tanto estrés? A la ventas, soy comerciante. Ya para entonces estaba con la puerta abierta de su camioneta y yo al volante de mi carrito. Bueno amigo suerte con su gastritis. ¿Con quien tuve el gusto? me dijo. Yo de pendejo le dije mi nombre  y el ya encendía la camioneta; al ver que ya no iba a decir mas le grité de carro a carro.¿ Y usted como se llama amigo? Marlon Brandon y tiro una carcajada. Pinche viejillo gracioso, aunque viéndolo bien si le daba un aire a Marlon Brandon pero con un aire norteño mexicano.
Subió el vidrio de la camioneta y aproveche para salir salir del estacionamiento. Aún no terminaba mi maniobra cuando se detuvieron tres camionetas del ejercito atrás de nosotros, pero se fueron directo a Don Marlon Brandon. Encendí las intermitentes y un soldado se me acerco. Pa donde señor. Para Monterrey oficial, le conteste todo culeado. Se asomo a mi carrito, me vio a los ojos y vio el logotipo en la puerta y después de una pausa breve me dijo ok, rapidito por favor señor. Le hizo señas a los otros para que se movieran, salí y ya no fui a la siguiente cita que tenía. Me regrese de inmediato y sin escalas. De don Marlon Brandon ya no supe si solo era una inspección de rutina ó si traían algo con el. Yo pa tras ya no volteo, capaz que me convierto en sal.